En teoría tengo otras 2 entradas atrasadas, una es una entrevista y otra una especie de antología, pero voy a escribir una historia que la mayoría ya conoce pero
que no está demás que aquellos que no estudiaron conmigo puedan leerla. Sucedió en mi primer año en la universidad, en mi primer mes en ella, sucedió en Bachillerato.
Yo me autodefino como rancagüino, básicamente porque es mi único punto de comparación, nunca he salido de Chile y pocas veces he estado en un lugar distinto a Rgua y Stgo. Es por esto que cuando llegue a la U se me abrió un nuevo mundo, pero no sólo por las experiencias que viví, sino por las personas que conocí.
En primer lugar, los rubios, más las rubias que los rubios. Antes de la PUC sólo había conocido 6 rubias en mi vida, una en kinder, otra en 5to básico y 4to en el liceo.
En segundo lugar, la gente… gente que conocía a gente famosa o poderosa. Conocí a una nieta de un presidente, la polola del Memito, entre otras que ahora no me parecen tan impactantes después de conocer al hijo del compadre Moncho y por sobre todo, a la hija de Garfield.
Al principio no había problemas, qué problemas podía haber si todos teníamos la misma edad y queríamos estudiar más o menos lo mismo, pero al poco andar me fui dando cuenta de que no éramos iguales y que si podía haber uno que otro pequeño problema de comunicación que se producían básicamente porque se veníamos de mundos distintos.
El episodio más recordado y que ya es un clásico en mi vida, porque redefinió muchas cosas para mi, sucedió una tarde de marzo mientras caminaba a la biblioteca.
Caminaba junto a la nieta del presidente e hija de un miembro del directorio de TVN, la polola del memito y una compañera a la cual
nombraremos porque es relevante, María Trinidad Ramírez, la “Trini”. Íbamos felices de la vida en busca de nuestros libros cuando la Trini se me acerca y pregunta.
-. Oscar, tu eres de Rancagua ¿cierto?
-. Si, naci’o y cria’o
-. Te lo pregunto porque mi familia es de Rancagua.
-. En serio, que bueno, tons deben ser buena gente. (respuesta pelotuda)
-. Si, de hecho mi nombre es María Trinidad Ramírez Pavez.
Antes de que yo pudiera responder otra estupidez lanzo la pregunta que nunca olvidare en mi vida.
-. ¿Tú eres de los Pavez del fundo de Rengo o de los de San Fernando? Porque mi familia es de Rengo, entonces como Rengo está más cerca de Rancagua pensé que podríamos ser familia.
Yo me reí, o sea qué más se podía hacer.
-. No. No soy de ninguno de los dos fundos. Sólo soy de Rancagua.
Conté esta historia a varios en Rancagua y todos se sorprendieron por lo cuica de la mina, yo me sorprendí por otra cosa. Lo fuerte de este episodio y de otros fue que me di cuenta que para muchos en Bachi, si alguien de provincia estudiaba en la Católica era porque era hijo de algún terrateniente agricultor o ganadero. Esto también les hacía asumir otras cosas como viajes al exterior e, incluso, la práctica del rodeo (“tu debes ser seco pa’l rodeo” me dijo una vez una compañera).
Con el tiempo esta historia se convirtió en una especie de mito urbano entre mis amigos, los cuales se las contaron a otras personas lo que llevó a que la respuesta que le di a la Trini cambiara un poco con cada versión. La última me la contó un vecino: “Yo soy de los Pavez que le compran madera a la Barraca Maderas Pavez de tu familia”.
Ese fue mi primer momento PUC, de ahí vinieron otros, pero ninguno me hizo sentir tan “yo no soy de acá” como este. Y ud. querido lector ¿tuvo algún momento PUC?